Pilar Deza

Fundadora

Todo comenzó hace aproximadamente 45 años, cuando sentí que debía hacer algo muy importante para la educación. Estábamos en una época en la cual la educación inicial no tenía la gran importancia que tiene hoy en día, no existía ni la carrera en sí misma sino simplemente la docencia.

 

Sumado a esto, el gobierno no permitía que en los colegios se enseñase el idioma inglés,  punto importante y por el cual dije ¡No! Yo tengo que poner los cimientos sobre los cuales se puedan construir cosas importantes para cambiar la educación. Y es así como me propuse, en un primer momento, empezar el Nido, contra viento y marea.

 

Por su puesto que mi esposo no estuvo de acuerdo desde el primer momento, para él yo no debía trabajar ni salir de casa porque si no empezarían los problemas entre nosotros. Me dije, bueno si para mi esposo el hecho de que yo salga de casa se convertiría en un problema, pues perfecto, no salgo de casa y comienzo el nido en nuestro garaje. Idea que claramente, mi esposo también estuvo en desacuerdo, es más usó una frase que hasta el día de hoy me marcó y fue “Las mujeres cuando comienzan una cosa nunca las terminan”. Sin duda, esa frase fue el detonante para que yo siga con mi propósito hasta acabarlo.

Con mis ahorros decidí comprar todo lo que necesitaría para ir construyendo de a pocos el ambiente del nido, coloqué losetas en el garaje, encargué que me trajeran de Estados Unidos una calcomanía de circo y hasta ¡pinté sillas!. Todo quedó lindo y maravilloso, el único problema era que no tenía ningún alumno hasta ahora.

 

Mi primer intento, fue hacer un cartel en el cual puse “Nido Casuarinas” y colgarlo en la puerta del garaje para que pueda ser visto por las personas que transitaban la zona, pero que inmediatamente mi esposo botó diciendo que cómo se me ocurría colocar un aviso en la casa tan bonita que le había costado. Mi segundo intento, fue publicar en el periódico un aviso clasificado del Nido, sin que mi esposo lo supiera, claro. Pero no contenta con eso, tuve la genial idea de tocar casa por casa. Sí, yo misma, me puse un sombrero y con las mismas, salí y empecé a tocar, de las treinta y seis casas que visite para hablar sobre el nido sólo cuatro alumnos vinieron pero no fue problema para mí, empecé con ellos y termine el año con veintisiete niños. Para el siguiente año, tomé un cuarto de mi casa, para usarlo de igual forma como un salón más, y así fui consiguiendo más alumnos de a pocos, hasta que con todo el dinero ahorrado hasta ese momento decidí comprar mi primer terreno para seguir creciendo.

 

 

Y es así como poco a poco y con esfuerzo fui logrando las metas que me tracé pero no me conformaba con eso, ya que seguía trazándome metas mucho más altas. Y creo que todo fue por la acogida que recibió el nido, gente que venía desde lejos para que a sus hijos se les enseñe inglés y la confianza que éstos tuvieron conmigo fue para mí gratificante. Además, puedo decir que todo fue gracias a la gran motivación que tenía de hacer algo importante por la educación y la idea fija de lo que quería hacer.  Pienso que si hoy en día estamos donde estamos, es porque todo lo vemos como una oportunidad de crecimiento, nos motiva innovar y adaptarnos a las nuevas tendencias que nos presenta la vida misma y sobre todo porque nuestro principal objetivo es que nuestros niños sean realmente felices.

 

“De la cuna a la luna”

"Y ahora me encuentro feliz de trabajar con mis hijos, quienes continúan con esta pasión y dedicación por la educación"